Los poetas venezolanos de mi generación (Nacidos entre 1940 y 1950)

Me he tomado la libertad de extraer estos nombres de la antología presentada en orden cronológica por el poeta José Jesús Villa Pelayo en el blog: http://poetasvenezolanos.blogspot.com/ Seguramente hay algunos poetas más de esta generación, esparcidos física o espiritualmente en nuestras ciudades, o por la provincia o radicados fuera del país.
Si alguien piensa que he ignorado a algún otro poeta reconocido y nacido en esa década, no ha sido en realidad mi intención y le agradecería mucho que me escribiera, si fuera el caso, a fin de agregarlo.




Poetas adultos contemporáneos:

JOAQUÍN MARTA SOSA (Nogueira, Portugal, 1940)
GUSTAVO PEREIRA (Punta de Piedra, 1940)
LUIS ALBERTO CRESPO (Carora, 1941)
JOSÉ BARROETA (1942-2006)
LYDIA FRANCO FARÍAS (1943-2004)
ALFREDO CORONIL HARTMANN (Caracas, 1943)
BLAS PEROZO NAVEDA (Maracaibo, 1943)
JULIO MIRANDA (1945-1998)
ENRIQUE MUJICA (San Juan de los Morros, 1945)
REYNALDO PÉREZ SÓ (Caracas, 1945)
MARÍA FERNÁNDA PALACIOS (Caracas, 1945)
HANNY OSSOTT (1946-2002)
MARGARA RUSSOTTO (Palermo, Italia, 1946)
ELEAZAR LEÓN (Caracas, 1946 - 2009)
ELÍ GALINDO (1947-2006)
MARÍA CLARA SALAS (Caracas, 1947)
ENRIQUE HERNÁNDEZ D’JESÚS (Mérida, 1947)
WILLIAM OSUNA (Caracas, 1948)
ARMANDO ROJAS GUARDIA (Caracas, 1949)
ALEJANDRO OLIVEROS (Valencia, España, 1948)
RAMÓN ORDAZ (El Tigre, 1948)

Con algunos de ellos he compartido momentos gratos, a otros no los conozco o no los conocí personalmente. Pero la idea es que podamos conocerlos a todos a través de su obra poética.

Comenzaré por aquellos que ya no están entre nosotros: José Barroeta, Lydda Franco, Julio Miranda, Hanny Ossott, Elí Galindo y Eleazar León.

“Pienso que la muerte de cualquier poeta que hemos leído con respeto, aunque nada sepamos de su vida, nos suele producir una pena que no sabemos bien dónde ubicarla ni cómo decirla, pero que permanece.”

El Salmón – Revista de Poesía

José Barroeta: (Pampanito, Trujillo 1942 – Mérida, 2006) Poeta, ensayista, abogado, profesor y Doctor en Literatura Iberoamericana (Sorbonne, París).

Pepe Barroeta, como le llamaban sus amigos, es autor de seis libros de poemas: Todos han muerto (1971), Cartas a la extraña (1972), Arte de Anochecer (1975), Fuerza del día (1985), Culpas de juglar (1996) y el hasta ahora inédito Elegías y olvidos (2006), todos ellos reunidos en Todos han muerto. Poesía completa (1971-2006)

Poeta de entrañable riqueza lírica supo representar como ningún otro al hombre mitad rural mitad urbano. La pérdida de la aldea originaria, la muerte que es subvertida por el sueño y la remembranza. El tiempo inmóvil en el que el poeta parece permanentemente encontrarse y la búsqueda de paraíso extinto a través del amor, la locura y el sueño.

Residió en Mérida (Venezuela),desde finales de los 70, a excepción de algunos años que vivió en España (Barcelona y Madrid) y Francia (París)

Se desempeñó como profesor del área de Literatura Hispanoamericana y venezolana en la Escuela de Letras de la Universidad de Los Andes. Figura destacada en la creación literaria venezolana, participó como miembro de los grupos literarios "Tabla Redonda", "En Haa", "Tropico Uno", "La Pandilla Lautrèamont", "Sol cuello cortado", entre otras.

De su poemario "Lugares comunes" en Poesía completa (1971-2006), editado por Candaya bajo el título "Todos han muerto", rescatamos:

Puerto de Santa María y Campana

Llueve, llueve en el puerto, en el cuerpo
en el silencio.

Mi madriguera de hojas azules voltea
naufraga en el porvenir de la lluvia y de las vocales
abiertas en la tierra firme.

Llueve y gime la palabra
el corazón de los peces en la boca de ostra
la oración y la iglesia destruida por una lluvia
que no llega y sin embargo llueve.

Mi ombligo de Dios es una tienda húmeda
nos custodia de las aguas lejanas y del ventarrón
de la niebla
en una colina desconocida.

En mí están lloviendo los ojos
y como siempre doblo.
Lydda Franco Farías: nacida en la Sierra de San Luis (Estado Falcón) en el año 1943, se radicó en Maracaibo y fallece en el año 2004.

Fue una poeta combativa en el mejor sentido de la palabra, ganadora de premios regionales y nacionales en poesía. Su último libro en vida fue Antología poética, publicado en 2002. Además había publicado Poemas circunstanciales (1965), Summarius (1985), Recordar a los dormidos (1994), Descalabros en obertura mientras ejercito mi coartada (1994), Bolero a media luz (1994) y Una (1998).

Lydda es una de las voces más vitales de la poesía venezolana de la beligerante década de los años sesenta. Formó parte de una de las generaciones más irreverentes de nuestro país, allá en su Zulia adoptiva. Con un grupo de alzados contra el mundo, plena de gozo verbal y espiritual, hizo la tarea de enfrentarse a los desmanes de quienes siempre se han creído poderosos cuando llegan a la cúspide política.

Llegó un día en que renunció a todo partidismo político, abandonó totalmente la militancia activa, y a partir de allí, se dedicó a escribir, decisión que nos permite deleitarnos con su legado poético.

Del poemario "Poemas circunstanciales", 1965

No nací para ocupar un espacio y nada más.
Ignoro cuál será mi participación.

Me tocó ser mujer y no me quejo,
me tocó caer en la humedad del tiempo,
en la inhóspita sequedad de los caminos
pero aquí me quedo
entre escombros y desperdicios.

Destruyan mi epidermis resentida,
despedacen mis sueños, mi alegría,
aniquílenme
mas no pretendan sancionarme
porque un día aparecí sobre la tierra
y tuve voz y grité
y tuve fronteras y no quise despertar sin ellas
y tuve armas y allí están
perfiladas, inmóviles, ariscas.

No pudieron
moldearme a su antojo,
ni darle la forma requerida a mis palabras,
ni templar los metales de mi risa con sus martillazos de odio,
ni siquiera lograron meterme de cabeza en un canon infesto
Julio Miranda (1945-1998): nació en La Habana, Cuba, Con estudios de filosofía, idiomas y teatro, su febril actividad en Mérida cubrió la poesía, el ensayo, la traducción y la crítica e investigación cinematográfica. Recorrió el mundo, exiliado desde principios de los sesenta, viviendo en Francia y Venezuela, Estados Unidos y España, Italia e Inglaterra.

Crítico literario, brillante antologizador, motor de varias publicaciones, ensayista. Se movió siempre con enorme facilidad en la poesía, el cuento, la novela, el ensayo literario y la crítica cinematográfica.

Poeta, con una docena de libros. Julio Miranda escribió de todo y todos, es decir, de muchos otros escritores, con una lucidez y una creativa punzante o asombrosa. Libros de poesía: Mi voz de veinte años (Granada, Veleta al Sur, 1966), El libro tonto (Madrid, El toro de Barro, 1968), Jaén, la nuit (Jaén, El Olivo, 1970), No se hagan ilusiones (Caracas, Edics.Bárbara, 1970), Tablero (Málaga, El Guadalhorce, 1972), Maquillando el cadáver de la revolución (Caracas, Fundarte, 1977), Parapoemas (Caracas, Monte Avila, 1978), El poeta invisible (Caracas, Fundarte, 1981), Vida del otro (Caracas, Con Textos, 1982), Anotaciones de otoño (Caracas, Mandorla, 1987), Rock urbano (Maracaibo, Dirección de Cultura, Universidad de Zulia, 1989), Así cualquiera puede ser poeta (Caracas, Pen Club de Venezuela, 1991), Máquina del tiempo (Mérida, Edics. Mucuglifo, 1997).

Danza

Bailo
con mi hija en brazos.

Comencé
para calmarla.
Hace rato que duerme
cesó la música
y yo sigo bailando.

He improvisado una danza algo salvaje:
vueltas a derecha e izquierda
ritmadas por golpes de talón
y gritos sofocados.

Se ha hecho de noche.
La cuna quedó atrás
el cuarto quedó atrás
la casa quedó atrás.

Avanzo
mientras bailo
por una tierra de incendios y humaredas.

Bordeo los cráteres
busco aberturas en las alambradas
evito los cadáveres

Las trincheras me obligan a dar largos rodeos.

Bailo y avanzo
giro, vigilo y giro.
Afortunadamente
mi hija sigue durmiendo.
Hanni Ossott: considerada como una de las voces fundamentales de la poesía venezolana contemporánea; nace en Caracas el 14 de febrero de 1946 y fallece en la misma capital, el 31 de diciembre de 2002.

Licenciada en Letras de la Universidad Central de Venezuela y Profesora de la Escuela de Letras en esa casa de estudios, dicta durante veinte años, asignaturas, todas ellas enmarcadas dentro de su propia visión del existir : “Necesidades Expresivas”, “Poesía y Poetas”, “Literatura y vida”, “Poesía y pensamiento”, ... declarando en la enseñanza de sus cátedras.

Su obra literaria incluye títulos como “Hasta que llegue el día y huyan las sombras”, “El reino donde la noche se abre”,“Plegarias y penumbras”, “Cielo, tu arco grande”, “Casa de agua y de sombras” y “El circo roto”.
Pese a especializarse en poesía llegó a publicar varios libros de ensayos filosóficos. Obtuvo los Premios Nacionales de Poesía José Antonio Ramos Sucre y Lazo Martí y, en 1988, fue galardonada con el Premio Nacional de Poesía otorgado por el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC).

En una oportunidad, Manuel Caballero, quien fuera su esposo, expresó que, a diferencia de otros artistas, “Hanni no escribía poemas, sino que los vivía con una intensidad inigualable”.

Poesía

Quien vive la poesía, vive la tensión.
El cielo, la tierra, los hombres les resultan extraños.
Calla: aquí vive un Angel...! un pájaro!
La serenidad y la tormenta conciernen al poeta.
El cielo naranja sobre una colina azul
La sagrada voz del Réquiem de Brahms
El plenilunio. La melancolía.
Al poeta le gusta el abrazo
el roce, los besos llenos de licor
y la caricia, la última caricia
la caricia final
susurrada
infinita
¿Qué es ser poeta?
Llorar.
Llorar. Infinitamente.
Y escuchar una voz de hombre
silente y viril
por su feminidad perdida
porque la poesía es feminidad.
Y los hombres poetas deben ser femeninos.
Y las mujeres poetas deben ser masculinas
Y esta es ley de Dios
Ley sagrada
Elí Galindo: nació en San Sebastián de los Reyes, estado de Aragua, en 1947. Fue además profesor universitario y colaboró con las más importantes publicaciones de su país.

San Baudelaire (2006) es la recopilación de sus mejores trabajos, los que en su momento fueron celebrados y aplaudidos.

Entre sus trabajos se cuentan Las estrellas fugaces me ponen ebrio (1971, inédito hasta la presente antología), Los viajes del barco fantasma (1974), ganador del Premio Universidad Central de Venezuela mención poesía, y Ruido de las esferas (1986). En 1985 obtuvo el Premio Internacional de la revista Poesía, de la Universidad de Carabobo y, en 1987, el Premio Francisco Lazo Martí, de Poesía, que otorga el Consejo Nacional de Cultura (Conac) de Venezuela.

Elí con Gustavo, Raffie y Jean Ives













MI CASA ME BUSCA

Mi casa me busca
me husmea
a todas parte me sigue

Aunque me encuentre en lo más desolado
ella está conmigo

De las calles me recoge
en los malos sitios me azota
jamás me abandona

Ni en los peores momentos
de nada me priva
Ante su patio me coloca

Bajo la sombra de sus hermosas hojas
me da techo
Es capaz de ofrecerme su propio alimento
de todo me cobija

cuando me sabe solo
junta su rostro al mío
y aullamos como lobos al viento
Eleazar León (Caracas, 1946 - 2009): nació en la ciudad de Caracas. Licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela, y profesor de la Escuela de Letras. Perteneció al famoso Taller Calicanto, dirigió el Taller de Poesía de la Escuela de Letras y el del CELARG.

Entre los libros que publicó se encuentran: Precipicio de pájaros (1971), Por lo que tienes de ceniza (1975), Estación durable (1976), Cruce de caminos (1977), Palabras del actor en el café de la noche (1982), A la orilla de los días (1982), Reverencial (1991), Hechura de palabras (1992), Cuartetas (1993), Descampado (1999), Papeles para un adiós (2004) y Rubayyats (2009).

Cuenta José Jesús Villa que Eleazar se tomaba muy en serio la poesía, así como enseñarla. Porque era básicamente un maestro, uno genuino. Nació en 1946; por tanto, era un vástago de la II Guerra Mundial y de la Venezuela que nacía con Médina Angarita y López Contreras, la Venezuela post gomecista. Nació como un hombre del pueblo, en Caracas, y nunca pretendió ser nada más que eso, un hombre y un poeta del pueblo, y por supuesto, del mundo, porque su aliento era universal y universalista.

Ya no sé nunca de vivir

A veces alguien se me muere sin yo saber, sin
conocerlo, y ando buscándome su historia para
quedarme un rato, para irme y volver y luego estarme
con su ausencia, con su memoria, con su regreso.

Vienen así a rodearme muchedumbres perdidas, y
yo les digo por lo bajo, como también sin mundo: ya
no sé nunca de vivir, no tengo manos en la caricia,
váyanse y vuelvan comenzando el camino, digan de
nuevo el amanecer, desanuden los años, tal vez el
mar, la duermevela, el día, de seguro las cumbres, la
claridad.

Pero siguen mirándome y yo jamás, yo nunca, y de
sus voces me queda el tiempo, la distancia solícita
que viene a ver las despedidas, y ese susurro de larga
niebla de los cuerpos de sombra, la fiesta rota de la
vida, los cautiverios.

Créanme mucho que yo sigo sin nadie cuando
alguien sueña para siempre, se queda solo para
siempre, y así me doy con los sollozos de la viudez
del mundo porque un mortal ha muerto.


Poema de “Reverencial” que Eleazar dedicó al Chino Valera Mora.

ISAAC FELIPE AZOFEIFA



Isaac Felipe Azofeifa Bolaños, (Costa Rica, Heredia, Santo Domingo, 11 de abril de 1909 - San José, 3 de abril de 1997).

Isaac Felipe Azofeifa, es uno de los fundadores de la poesía moderna en Costa Rica.

Tres fueron sus rutas a lo largo de activos y prolíficos 87 años: la educación, la poesía y la política, entendidas las tres como acciones para mejorar la vida de todas las personas. En los tres campos brilló, supo ser innovador, fiel a su ideario humanista hasta el fin, y un hombre jovial y generoso con visión penetrante de la realidad, sus bellezas y sus injusticias. En todos estos campos dejó una huella indeleble e imperecedera.

Como poeta, Azofeifa cantó al amor, al erotismo, a la mujer, al dolor del prójimo y a las tribulaciones del mundo. Poesía amorosa, poesía existencial y poesía social son las tres vertientes que animan su inspirada obra.

Su obra refleja una fina sensibilidad contemplativa pero apasionada, que alterna el vuelo lírico con su conciencia social. Estilísticamente evolucionó desde el modernismo, sorbiendo de las vanguardias y del postmodernismo hasta conformar su propio verbo.

SE OYE VENIR LA LLUVIA

La casa de mi infancia es de barro del suelo a la teja,
y de maderas apenas descuajadas, que en otro tiempo obedecieron
hachas y azuelas en los cercanos bosques.
El gran filtro de piedra vierte en ella, tan grande,
su agua de fresca sombra.

Yo amo su silencio, que el fiel reloj del comedor vigila.
Me escondo en los muebles inmensos.
Abro la despensa para asustarme un poco
del tragaluz, que hace oscuros los rincones.
Corro aventuras inauditas cuando entro
en el huerto cerrado que me está prohibido.
En la penumbra de la tarde, que va cayendo lenta
sobre el mundo, el grillo del hogar canta de pronto,
y su estribillo triste riega en el aire quieto,
paz y sueño sabrosos.

Cuando venían las lluvias miraba los largos aguaceros
desde el ancho cajón de las ventanas.
Nunca huele a tierra tanto como esa tarde.
Se oye la lluvia primero en el aire venir como un gigante
que se demora, lento, se detiene y no llega,
y luego, están ahí sus pies sobre las hojas, tamborileando,
rápidos, mojando,
y lavando sus manos deprisa, tan deprisa, los árboles,
el césped, los arroyos,
los alambres, los techos, las canoas.

Pero también su llanto desolado,
su sinrazón de ser triste, su acabarse de pronto,
sin objeto ni adiós,
para siempre en mi infancia, para siempre.

Llueve en mi alma ahora, como entonces.

Isaac Felipe Azofeifa

AL ALBA SIEMPRE

El alba es un camino.
Por el alba se llega a la dulzura.
El aviso general de los gallos abre a la luz las puertas de la tierra.

El aire reparte una casta voz de campanas.
Un trino de pájaro rompe el cristal del cielo y riega
el silencio fresco de la madrugada.
El árbol duerme vuelto hacia sí mismo.
Tú, mi fiel compañía, dices
palabras irreales para salvar el sueño
que se aleja en el agua sutil de la noche.
Despierta tiritando en el vacío
un ángel retardado.
Un fantasma, una sombra, un soplo, nada.
Y amanece.

Vida, mi vida, al alba siempre.

Isaac Felipe Azofeifa

PREPARACION PARA LA MUERTE

La vida es un milagro.
Cada flor,
con su forma, su color, su aroma,
cada flor es un milagro.
Cada pájaro,
con su plumaje, su vuelo, su canto,
cada pájaro es un milagro.
El espacio, infinito,
el espacio es un milagro.
El tiempo, infinito,
el tiempo es un milagro.
La memoria es un milagro.
La conciencia es un milagro.
Todo es milagro.
Todo menos la muerte.
-Bendita muerte, que es el fin de todos los milagros.

Isaac Felipe Azofeifa

OBRA POÉTICA DE ISAAC FELIPE AZOFEIFA

La voz de las cumbres patrias (1928)

Trunca unidad (1958)

Vigilia en pie de muerte (1961)

Canción (1964)

Estaciones (1967)

Días y territorios (1969)

Cima del gozo (1974)

Cruce de vía (1982)

Órbita (1997)

Borges como poeta








Borges decía que había escrito sus cuentos para que le soportásemos su poesía. La armadura del comentario denota inteligencia, pero es injusto. Desde Fervor de Buenos Aires hasta Los conjurados, Borges configura una poesía particular en el panorama de nuestra lengua. Se trata, del testimonio de un hombre que en algún verso confesó ser un Alonso Quijano que nunca se atrevió a ser don Quijote. Es una poesía de referencias personales acerca de la única razón de su existencia, la literatura. No hay amor, no hay infancia, es cierto. Hay sólo recuerdos y libros.

En el prólogo a su Obra poética 1923-1976, Borges confiesa: Tres suertes puede correr un libro de versos: puede ser adjudicado al olvido, puede no dejar una sola línea pero sí una imagen total del hombre que lo hizo, puede legar a las antologías unos pocos poemas. Si el tercero fuera mi caso, yo querría sobrevivir en el Poema conjetural, en el Poema de los dones, en Everness, en El Golem y en Límites. Pero toda poesía es misteriosa. Yo pienso que está bien. Cinco poemas en doce poemarios no es un mal promedio.

Poema conjetural

El doctor Francisco Laprida, asesinado el día 23 de septiembre de 1829 por los montoneros de Aldao, piensa antes de morir:

Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.

Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.

Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me asecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.

Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes,
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.

A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.

Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí ... Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.

Jorge Luis Borges









Poema de los dones


Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esa alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido

Jorge Luis Borges

Everness



Sólo una cosa no hay. Es el olvido.
Dios, que salva el metal, salva la escoria
y cifra en su profética memoria
las lunas que serán y las que han sido

Ya todo está. Los miles de reflejos
que entre los dos crepúsculos del día
tu rostro fue dejando en los espejos
y los que irá dejando todavía.

Y todo es una parte del diverso
cristal de esa memoria, el universo;
no tienen fin sus arduos corredores

y las puertas se cierran a tu paso;
sólo del otro lado del ocaso
verás los Arquetipos y Esplendores.

Jorge Luis Borges

El golem


Si (como el griego afirma en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa,
en las letras de rosa está la rosa
y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de la Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)

El rabí le explicaba el universo:
Esto es mi pie; esto el tuyo; esto la soga
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)

Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. ¿Cómo (se dijo)
pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?

¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?

En la hora de la angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?

Jorge Luis Borges

Límites


De estas calles que ahondan el poniente,
una habrá (no sé cuál) que he recorrido
ya por última vez, indiferente
y sin adivinarlo, sometido

a quien prefija omnipotentes normas
y una secreta y rígida medida
a las sombras, los sueños y las formas
que destejen y tejen esta vida.

Si para todo hay término y hay tasa
y última vez y nunca más y olvido
¿Quién nos dirá de quién, en esta casa,
sin saberlo, nos hemos despedido?

Tras el cristal ya gris la noche cesa
y del alto de libros que una trunca
sombra dilata por la vaga mesa,
alguno habrá que no leeremos nunca.

Hay en el Sur más de un portón gastado
con sus jarrones de mampostería
y tunas, que a mi paso está vedado
como si fuera una litografía.

Para siempre cerraste alguna puerta
y hay un espejo que te aguarda en vano;
la encrucijada te parece abierta
y la vigila, cuadrifonte, Jano.

Hay, entre todas tus memorias,
una que se ha perdido irreparablemente;
no te verán bajar a aquella fuente
ni el blanco sol ni la amarilla luna.

No volverá tu voz a lo que el persa
dijo en su lengua de aves y de rosas,
cuando al ocaso, ante la luz dispersa,
quieras decir inolvidables cosas.

¿Y el incesante Ródano y el lago,
todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
Tan perdido estará como Cartago
que con fuego y con sal borró el latino.

Creo en el alba oír un atareado
rumor de multitudes que se alejan;
son los que me ha querido y olvidado;
espacio, tiempo y Borges ya me dejan.

Jorge Luis Borges

Mario Benedetti


"Cuando tengo una preocupación, un dolor o un amor tengo la suerte de poder transformarlo en poesía"
-









El pasado 17 de mayo murió a los 88 años Mario Benedetti, uno de los escritores más prolíficos de la literatura iberoamericana.

Tras de sí Benedetti, miembro de la llamada "Generación de 1945", caracterizada por su severa crítica a lo establecido, deja 80 libros que abarcan todos los géneros literarios, desde la poesía hasta la novela, pasando por el cuento y el periodismo.

En su obra se nota una mirada crítica a las "izquierdas" que lo obligaron a exiliarse durante varios años. Muestra también la perspectiva de alguien que creyó en la vida, en el amor y en la ética.

"Él siempre dijo que se sentía más poeta que otra cosa", señaló la biógrafa del escritor, Hortensia Campanella, cuando presentó hace unos meses el libro "Mario Benedetti. Un mito discretísimo", con el que trazó la trayectoria de uno de los mitos de la literatura hispanoamericana del siglo XX y quizá la conciencia poética de todo un continente.

La de Benedetti, dijo Campanella ha sido "una vida que ha ido persiguiendo la utopía y que por eso mismo ha encontrado en la poesía su mejor expresión, o por lo menos, la más querida, la más auténtica".

La poesía, decía Benedetti, es "un altillo de almas", un "tragaluz para la utopía" y "un drenaje de la vida/ que enseña a no temer a la muerte".

En 2008 Benedetti publicó su último poemario, "Testigo de uno mismo", un libro que vino a ser un poco el resumen de su carrera poética.

Además, en esta obra presentía ya el final de sus días, sin tapujos, a la vez que insistía en la soledad sin su amada Luz y con un mundo reducido: "Acontece la noche y estoy solo/ cargo conmigo mismo a duras penas/ al buen amor se lo llevó la muerte/ y no sé para quién seguir viviendo".

Su obra en prosa dejó también honda huella en la literatura iberoamericana, su principal novela, "La tregua" se convirtió en un clásico con más de 140 ediciones en 20 idiomas desde su publicación.

Sobre sus cuentos el escritor mexicano José Emilio Pacheco dijo que dentro de la enorme obra de Benedetti, sus reseñas y sus cuentos no han sido evaluados en todo su valor, pues sus novelas y poesía han atraído siempre la atención de sus lectores.

La muerte de Benedetti consternó a los uruguayos, miles de personas se arremolinaron a las puertas del Salón de los Pasos Perdidos del Parlamento de Uruguay, para rendir homenaje al fallecido escritor.

Entre los presentes que los dolientes llevaron a la capilla ardiente destacan decenas de bolígrafos, en recuerdo de lo dicho por el escritor, quien en una ocasión comentó que cuando muriera no olvidaran su bolígrafo.

Rostro de vos


Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.

Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.

Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.

Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.

Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.

Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.

Ya mi rostro de vos
cierra los ojos

y es una soledad
tan desolada.

Mario Benedetti